Durante décadas, los concursos de belleza fueron acusados —con toda la razón— de reducir a la mujer a objeto decorativo. Bikini, sonrisa plastificada y medidas 90-60-90 eran la santísima trinidad. Pero entre 2010 y 2025 algo se rompió… o, mejor dicho, se reinventó. Los Big Four (Miss Universo, Miss Mundo, Miss Internacional y Miss Tierra) dejaron de premiar únicamente a la más guapa y empezaron a coronar a la que mejor encarnaba una fantasía mucho más antigua y subversiva: la de la mujer superior.Y esa fantasía tiene nombre y apellido: William Moulton Marston, el psicólogo que en 1941 creó a Wonder Woman.El sueño fetichista-feminista de MarstonMarston no disimulaba. Decía sin tapujos que la mujer bella tenía “el mayor poder psicológico sobre el hombre” y que debía usarlo para dominarlo… con amor. Wonder Woman no era solo fuerte: era hermosa a propósito. La belleza era el cebo perfecto para que los varones aceptaran voluntariamente la superioridad femenina. Era propaganda matriarcal envuelta en un traje de baño estrellado y botas rojas.Ochenta y cuatro años después, los certámenes de belleza parecen haber leído el manual de Marston al pie de la letra… pero sin los látigos y las cuerdas (al menos en cámara).
La nueva fórmula ganadoraHoy la corona no se la lleva la más fotogénica en traje de baño. Se la lleva la que combina:
Lynda Carter (Miss World USA 1972) lleva medio siglo luchando por los derechos LGBTQ+.
Gal Gadot (Miss Israel 2004) usa su plataforma para hablar de igualdad de género y filantropía.El veredictoLos concursos de belleza no se volvieron “menos superficiales” por bondad repentina. Se volvieron más inteligentes. Descubrieron que premiar a la mujer bella + consciente + activista genera una fantasía mucho más poderosa y rentable que la antigua reina-bikini: la fantasía de que sí existe la mujer divina —moralmente impecable, físicamente perfecta y dispuesta a salvarnos a todos… si tan solo la escuchamos.Es exactamente lo que Marston soñó en 1941.Las Wonder Women modernas no vuelan ni tienen brazaletes antibalas. Tienen coronas, micrófonos y proyectos sociales que sí cambian vidas reales. Y, al final del día, eso es mucho más peligroso para el statu quo que cualquier lazo de la verdad.Porque cuando una mujer hermosa te mira a los ojos y te dice, con toda la autoridad que le da su banda y su corona, que el mundo puede y debe ser mejor… la gran mayoría de nosotros, hombres y mujeres por igual, simplemente nos arrodillamos.Tal como Marston siempre quiso.
La nueva fórmula ganadoraHoy la corona no se la lleva la más fotogénica en traje de baño. Se la lleva la que combina:
- Un cuerpo y rostro que paralizan cámaras
- Un discurso articulado que hace llorar al jurado
- Un proyecto social medible y emocionalmente devastador
- Andrea Meza (Miss Universo 2020, México): ingeniera de software que impulsó programas para incluir a miles de niñas mexicanas en STEM en pleno auge del machismo.
- Vanessa Ponce de León (Miss Mundo 2018, México): ganó con un proyecto real de años en comunidades triquis de Oaxaca. Fue la primera Miss Mundo en la que la corona pareció un accesorio secundario.
- Fátima Bosch (Miss Universo 2025, México): la cuarta mexicana en conquistar la corona (tras Lupita Jones en 1991, Ximena Navarrete en 2010 y Andrea Meza en 2020), habló abiertamente de su neurodivergencia y de su labor acompañando a niños con cáncer. Su victoria, en medio de un certamen marcado por escándalos, fue un triunfo de la autenticidad cruda que nadie se atrevió a cuestionar en el escenario.
- Activistas globales (Pia Wurtzbach y su lucha contra el estigma del VIH)
- Presentadoras que controlan la narrativa nacional (Ximena Navarrete)
- Actrices que eligen personajes fuertes (Íris Mittenaere)
- Emprendedoras sociales (Catriona Gray y su fundación para niños con labio leporino y paladar hendido)
- Voces políticas (Oxana Fedorova, que terminó diputada en la Duma rusa)
Lynda Carter (Miss World USA 1972) lleva medio siglo luchando por los derechos LGBTQ+.
Gal Gadot (Miss Israel 2004) usa su plataforma para hablar de igualdad de género y filantropía.El veredictoLos concursos de belleza no se volvieron “menos superficiales” por bondad repentina. Se volvieron más inteligentes. Descubrieron que premiar a la mujer bella + consciente + activista genera una fantasía mucho más poderosa y rentable que la antigua reina-bikini: la fantasía de que sí existe la mujer divina —moralmente impecable, físicamente perfecta y dispuesta a salvarnos a todos… si tan solo la escuchamos.Es exactamente lo que Marston soñó en 1941.Las Wonder Women modernas no vuelan ni tienen brazaletes antibalas. Tienen coronas, micrófonos y proyectos sociales que sí cambian vidas reales. Y, al final del día, eso es mucho más peligroso para el statu quo que cualquier lazo de la verdad.Porque cuando una mujer hermosa te mira a los ojos y te dice, con toda la autoridad que le da su banda y su corona, que el mundo puede y debe ser mejor… la gran mayoría de nosotros, hombres y mujeres por igual, simplemente nos arrodillamos.Tal como Marston siempre quiso.

